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El nuevo modelo económico digital

Uno de mis primeros sueldos provino de un pequeño videoclub en el que trabajé de dependiente una época de mi vida. En él descubrí que la imaginación de los seres humanos no tiene límites y aprendí de carrerilla algunas frases de películas hoy ya olvidadas sobre las que a veces sospecho, desde la distancia de los años, que tal vez pudieron moldear mi personalidad. Ese del videoclub era un trabajo agradable que me permitió intercambiar pareceres con gente que de otra forma no habría conocido jamás. Fue por aquella época que aprendí que las interpretaciones de algo pueden ser tan amplias como personas hay en todo el mundo. Porque aunque todos seamos trozos de piel con huesos, unos más bajos o más altos, más gordos o más delgados, podemos ser muy distintos por dentro. Quizás mucho más que por fuera. Pero claro, la primera vista sobre esto no sabe, ya que sólo puede ver la piel… ni siquiera los huesos.

Más tarde pasé del cine a la música y acabé en una tienda vendiendo discos. Algunos verdaderos melómanos me preguntaban cosas sobre las que yo tenía que buscar en enciclopedias al llegar a casa porque no tenía la menor idea. Fue una época en la que mi jefe, un tipo que podía decirte canciones de grupos japoneses, me preguntó un día cuántos tipos como nosotros  creía yo que habría alrededor del mundo distribuyendo música al resto de mortales. No supe qué responder, aunque imaginé que no seríamos pocos. Sólo en mi ciudad había unas diez tiendas de música, con sus dos, tres o a veces hasta más empleados. Eso me llevó a pensar en cuántas personas habría como yo en ese instante en una ciudad como Londres o Nueva York, hitos de la música. Imaginé cuántas personas como yo habría sólo en Estado Unidos colocando en el escaparate el último disco recién recibido. No supe qué responder, pero serían muchas.

A veces paso por aquel lugar y pienso en cuántas habrá ahora, cuantos jóvenes se estarán pagando parte de sus estudios gracias a aquellos locos que un día decidieron invertir sus ahorros en llevar música, cine o cómics a los barrios más recónditos de la ciudades. Y entonces me explica un joven sin empleo que ahora la música se escucha toda en una cosa llamada Spotify y el cine en una cosa llamada Netflix. Que es mejor porque así tienes todas las canciones y todas las películas de forma más barata. Que hay una cosa llamada Amazon en la cual puedes comprar desde un libro hasta una bicicleta de forma más barata, por lo que en no mucho tampoco serán necesarias ni librerías ni tiendas especializadas en las dos ruedas. Que así es mejor para todos… porque todo es más barato.

 

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.

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