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La Ley del Cabrón

La ley del cabrón

 

Fíjese bien y no deje que le tome el pelo. Usted es list@, no se deje engañar. Bajo esas angustiadas facciones de virgen de porcelana y ese gesto recatado de mujer antaño digna y honrada se enmascara una de las mayores delincuentes que ha dado este país en décadas. Dice llamarse Marian Fernández García y en unos años probablemente sea recordada por la memoria popular como lo fueron Billy el NiñoAl Capone o algún capo de Corleone.  Son de tal transcendencia sus acciones, de tal envergadura para el menoscabo del bien común sus delitos, que la Ley la ha sentado en el banquillo en menos de tres días para evitar que pudiera  darse a la fuga. ¡Oh, gracias Ley, por ser tan sabia y resolutiva! Y es que solo de pensar en las fechorías cometidas por esta Reina de las Ladronas, experta en todo tipo de tropelías relativas a riquezas ajenas, los pelos se me erizan y las pupilas se me dilatan. Alguien con alma, con una mínima educación y saber estar, con una mínima honradez y cierta moralidad, habría usado otros medios más piadosos, más compasivos, más silenciosos en el noble arte del quedarse con lo ajeno. Qué se yo, algo así como manipular alguna adjudicación pública, pactar unos maletines a cambio de un voto decisivo, recibir el valor de un piso –o siete- como indemnización , colocar a sus hijos abusando de un cargo público o evadiendo unos millones de nada con destino a paraísos soñados. Pero no, a esta amante del exceso, sanguinaria del crimen en todas sus vertientes y camaleónica en todos sus procederes, solo se le ocurrió llevarse un carrito de la compra lleno de comida y valorado en 240 euros. Yo, ante tal aberración del comportamiento humano, ante tal atropello para con el bien general, y aun teniéndome por compasivo y misericordioso, he de decir que solo me queda plantearme la instauración de la cadena perpetua.  Menos mal que el Fiscal, como buen hombre de Ley, ha desenrollado su sabiduría jurídica y no ha tardado en  explicar que un champú para niños no es un bien de primera necesidad pues, de otra forma, mi fe en el Estado de Derecho  hubiera desaparecido para siempre. Ahora, por fortuna para todos, esta forajida dama del crimen será juzgada por la Ley del Cabrón: esa que dice que cuánto más arriba, menos cerebro y menos corazón. Hágase la Ley.

 *Entrada escrita el 6 se Spt de 2012 y trasladada a este blog.

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.

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