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Mensaje a un emigrante

 H ace unos días, supongo que en un acto de pura nostalgia ante la podredumbre fecal que desprende España, viajé imaginariamente hasta el Olimpo de mis dioses y me percaté de un incómodo elemento común: la gran mayoría ya no son más que recuerdo, uno vano y frágil teniendo en cuenta  lo poco que parece que hayamos aprendido de ellos. A diferencia de los héroes de algunos, los míos conocieron la cárcel o fueron expulsados de países por haberse convertido en un grano en el culo de aquellos sistemas que funcionaban en base a dogmas manipulados, monigotes acomodados y toda clase de escupidores de palabras. Por alguna razón desconocida, algunos de estos héroes, los más grandes, decidieron salir de esa inercia dogmática y pudiendo haber vivido como reyes prefirieron complicarse la vida por lo que a ellos les parecía injusto. El resto de los mortales hubiéramos girado el cuello y doblado el espinazo haciendo toda clase de esperpénticas reverencias a cambio de poder seguir viviendo con las comodidades deseadas. No sólo eso, sino que además les hubiéramos llamado tontos por haberse complicado la vida tanto. Sin embargo, por alguna razón que el resto no llegamos a comprender, estos héroes prefirieron enfrentarse ante los desmanes del déspota de turno y toda su cohorte de conseguidores, lamezapatos y calientasillones aún a sabiendas de que eso le podría suponer grandes y variados problemas. “Y sin embargo, se mueve”, dicen que afirmó  Galileo en su juicio ante la Santa Inquisición por asegurar que la Tierra se movía alrededor del Sol y no al revés. Y sin embargo, Galileo se movió.

Hoy me vienen a la cabeza las cientos de miles de personas que han tenido que abandonar sus países no por querer parecerse a Indiana Jones, sino porque los gestores del mismo no han estado lo suficientemente capacitados para mantener una sostenibilidad –a excepción de amiguetes y familiares, por supuesto-. Es muy posible y altamente paradójico que muchos de estos cientos de miles sufrirán en sus carnes, al menos en algún momento de sus vidas, la ignorancia y el miedo del acomodado, que posiblemente sea el amiguete o familiar del gestor incapaz o del ladrón de guante blanco de otros países, los cuales, paradójicamente, quizás sean inmigrantes en el futuro.

 

carta a un inmigrante

 

En especial, hoy me acuerdo de todos los emigrantes españoles que han tenido que salir de España en busca de una vida digna porque el sistema no ha contado con ellos. De todos esos jóvenes, y no tan jóvenes, que siguen creyendo en sí mismos aunque los educados y elegantes delincuentes, criminales y demás ladrones del sistema “oficial” les hayan intentado convencer de lo contrario. De todos aquellos que se esfuerzan en aprender un idioma nuevo –en algunos casos dos- para poder desenvolverse en sus países de adopción mientras determinados cargos  supuestamente importantes son incapaces de balbucear una mísera palabra entendible, algunos incluso en su propio idioma.

A todo aquel que haya tenido que emigrar, tan sólo darle unos consejos: sonríe cada día ante el reflejo que te devuelva el espejo, contémplalo sin ningún tipo de rubor o complejo y admíralo hasta el infinito. Porque la persona que tendrás delante es un héroe que un día decidió, al igual que mis héroes ya desaparecidos, no formar parte de ese circo en el que además de payasos, domadores y equilibristas se encuentra toda clase de dobladores de espinazo y escupidores de palabras profesionales.

Allá dónde vayáis no olvidéis lo mucho que valéis.

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.

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