Home » Artículos » No querer ver no es lo mismo que estar ciego

No querer ver no es lo mismo que estar ciego

En 2007 acabé de escribí varios brochazos sobre sociología española en una novela experimental -por lo impresionista en lo literario- titulada La melodía del violinistaCuando todavía todo iba bien, en aquella novela que yo mismo he adjetivado como una somera mierda, escribí sobre la estrecha relación entre el fútbol y la política, describí algunos patrones psicológicos de conducta típicamente españolas, sus porqués, las fuentes y orígenes de determinadas formas de pensar, los orígenes de según qué reflexiones y en base a qué algunos tejen sus ideologías o argumentaciones. En aquella época, claro, lo normal era que el lector no entendiera absolutamente nada de lo que estaba leyendo o pensara que yo la había escrito bajo los efectos de alguna droga psicotrópica. Sencillamente lo que allí se leía parecía no tener sentido porque la mayoría siquiera sospechaba lo que estaba por venir y además no le importaba lo más mínimo. Hoy, 8 años después, estoy convencido de que cualquiera que hoy comenzara a leerla entendería a la perfección lo que quise explicar con esa bazofia literaria que me costó sangre, sudor y lágrimas escribir -por distintas causas-. Y es que de alguna forma, al igual que la Justicia, la literatura siempre acaba llegando a un punto de verdad por muchos años de espejismos que pasen.

Uno de los motivos por los que comencé a escribir La melodía del violinista fue entender de primera mano la mediocridad de la que hoy tantos se quejan. Durante los años precedentes pude ser testigo directo de cómo se fraguaba todo el erial que es hoy España. Fui testigo de cómo se repartía todo tal y cómo los gorilas hacen en Tanzania, es decir, dependiendo únicamente de la cercanía social -y capacidad de acercarse- a los lomos más plateados, que no es que lo fueran, como sucede con los gorilas, por la experiencia o conocimiento de sus años, sino por criterios que no tenían nada que ver con lo sostenible (algo que explica perfectamente la Sociobiología Evolutiva y algunos imbéciles se empeñan en llamar Economía). Pude comprobar más que intuir cómo una auténtica caterva de desgraciados mentales iban agrupándose para separar y excluir a aquellos que pudieran molestar en la consecución de sus fines. Fui, en suma, contemplando la gestación silenciosa de una red jerárquica que, como diría uno de aquellos políticos que a día de hoy están en la cárcel, vivía del voto cautivo. Un voto cautivo que se alimentó durante años de todo tipo de personas: desde políticos puestos a dedo, pasando por jueces-fiscales, policías, oposiciones manipuladas, profesores de universidad de muy dudoso “prestigio”, favores basados únicamente en relación de cercanía, portavoces de sindicatos, etc. Es muy posible que los dos partidos típicos de España hicieran lo mismo, pero desde luego uno se llevó la palma por causas que de no ser porque tengo cosas mejores que hacer, desarrollaría aquí concienzudamente para que acabaran por entenderse.

Hoy leo artículos como el que Roberto Centeno (al que por cierto es evidente que no me une ningún elemento ideológico) escribe aquí o el que Krugman tituló el otro día El triunfo de lo irreflexivo y yo me pregunto…

¿De verdad se dan cuenta ahora estos señores de cómo se ha ido gestando el sistema y en base a qué? ¿De verdad estábamos tan ciegos o simplemente no queríamos ver?

 

comments
Tags :
Previous post link
Next post link

About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

Scroll To Top