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La Economía, esa cosa que nadie sabe de qué va

A  la persona típica, esa que generalmente se conforma con ver  un rato de televisión por las noches para lobotomizar su realidad, no le interesa nada, o más bien poco, lo que pueda significar un paraíso fiscal, una evasión/elusión de impuestos, o si las nuevas empresas tecnológicas usan todo tipo de triquiñuelas permitidas por esos dinosaurios agilipollados que suelen ser los políticos de diferentes países. Bueno, en realidad no le importa hasta que le toca, claro. Porque otra curiosa característica del ser humano es que todo le da bastante igual hasta que algo se convierte en su propio problema.  Entonces parece ser que sí importa, y mucho.

Hace ya bastante tiempo que quienes alguna vez sí entendimos cómo funciona parte de este juego llamado “economía” -que no es más que un embuste del que unos viven y otros sobreviven- venimos intentando explicar todos estos asuntos más o menos legales, pero siempre ilícitos –porque lo legal no es sinónimo de lícito-, de las elusiones fiscales. Me imagino que para algunos, que estas cosas le interesan menos que el resultado de su equipo deportivo o las idioteces que tenga que contar alguien en un plató de televisión, no serán de mucha importancia. Pero el caso es que todo esto afecta, aunque algunos no sean capaces de verlo, a si usted está o no desempleado. O si ha recibido mejor o peor asistencia médica estando desempleado, por poner dos ejemplos. Porque aunque algunos no se enteren de la película, el hecho de que casi una cuarta parte del PIB mundial esté escondido en paraísos fiscales, tiene mucho que ver con si usted tiene o no un empleo digno. O ya no que sea digno, sino con que lo tenga. Claro que para algunos un empleo digno es poner una mano debajo de la mesa y mirar hacia otro lado, que viene siendo básicamente la forma de entender la vida de algunos personajes concretos, los cuales, paradójicamente, van dando lecciones al resto de cómo debería funcionar un sistema.

Usted, que sabe lo que es Google, que ha comprado en Amazon porque le sale más barato o se compró un iPod para estar a la moda, le importa tres pimientos si estas tres famosas empresas se benefician de su país o del vecino sin aportar a las arcas del mismo lo que deberían, porque a usted, que lo que le gusta es ver la televisión y no complicarse la vida, le da exactamente igual las arcas de un Estado hasta que comienza a ver que las carreteras tienen más baches o las colas del médico son cada vez más largas. De hecho, para usted los impuestos son malos hasta que un buen día se cae porque la acera de su calle tiene un boquete. Entonces, como por arte de magia, los impuestos ya son buenos y todo el mundo debería pagarlos. Pero eso sí, mejor si los pagan “los otros”. Claro que entonces sucede que “los otros” pagan cada vez menos, porque quienes deberían entender y regular la realidad son poco más que simples marionetas, de ya cierta edad, a quienes les sale más rentable hacerse el tonto que explicar cómo funcionan las cosas. Y entonces hay cada vez menos dinero, y los Gobiernos tienen que inventárselo con una cosa llamada recortes que afectan directamente a su salario.

Por ahí dicen que la UE comienza a darse cuenta de que esto funciona mal, y usted se lo creerá, porque nació para creerse cualquier cuento que le cuenten. Pero déjeme que le diga que esto no es así, sino que antes de que repentinamente estos señores de tantos estudios y tan bien vestidos, parezcan haberse dado cuenta de que el sistema que han creado es lo que vendría a denominarse científicamente una puta mierda, ellos ya han llenado el cupo. Mientras el suyo cada vez está más vacío.

Pero qué más dará esto, mientras siga ganando su equipo o su admirada cantante le pone los cuernos al torero. La culpa, como no, siempre  será del Gobierno.  Y sí, tiene usted mucha razón: menuda caterva de hijos de puta hacen y rehacen nuestras leyes y aplican y desaplican según interese. Pero es que usted, al igual que yo, somos cómplices de todo ese juego mediante cada una de las decisiones que tomamos como individuos o consumidores. Aunque usted no se lo crea. Bienvenido al mundo de los tontos útiles y los estómagos agradecidos.

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.

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