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Dios existe. Y no existe.

Dios existe. Y no existe. Dios es, pero no es. Dios está en todos lados. Y a la vez en ninguno. Porque todo y nada son Dios. Dios es un concepto, decía John Lennon en una de sus canciones. Y tenía razón. Dios es sólo una palabra. Una como otra cualquiera. Tan sólo cuatro letras. Quizás tres, ocho o diez en la infinidad de idiomas y dialectos que pueblan la Tierra que no son el español. Porque Dios es un concepto, más allá de si lo dice un inglés, un chino, un nigeriano o un esquimal.  Dios no es una mesa, ni una silla. Dios es Dios. Pero siento decirte, lector, que Dios no es una persona. Dios no es un hombre con barba blanca esperando para juzgarte. Ni siquiera puede ser un hombre porque, de serlo, caería en la paradójica contradicción de tener un sexo siendo Dios. ¿Para qué iba a necesitar Dios tener un sexo? ¿Para cortejar a alguna diosa que casualmente pasara por allí? No, lo siento mucho si quien lee esto lo cree así, pero Dios no es un hombre. Tampoco una mujer. Sé que a ti te habrán contado lo contrario, pero no, Dios no hizo al hombre a su imagen y semejanza, sino que el hombre hizo a Dios a la suya. ¿Por qué? Básicamente por desinformación. En épocas remotas nadie tenía información. Sólo eran. No había mucho más. Ni siquiera la comunicación, que hizo más inteligente al ser humano pudo evitar hablar sobre Dios. Porque todos queremos tener un padre cuando nacemos, todos queremos darle un sentido a la existencia. Y porque tenemos miedo a la muerte. Mucho miedo. También se hizo Dios por unas inherentes ansias de poder. Porque ser el representante de Dios, el amigo de Dios, era formar parte de “lo divino”, de “lo elegido”.

Lo siento, pero el Cielo tampoco existe. Es decir, existe el cielo, el que sueles mirar poco por las noches y desde el que se pueden contemplar infinidad de estrellas, pero no el Cielo al que tú crees que irás cuando mueras. Lo siento, pero allí no estarán esperándote tus abuelos, ni tus padres, ni tus hermanos, ni los amigos que conociste. Si querías decirles todo lo que sentías tuviste toda una vida. Porque la vida es precisamente para eso: para compartir deseos, sueños, momentos. Comunicarse. Amar y desamarse. Quererse y odiarse. Hablar. Susurrar. Tocarse. Acariciarse. Reírse. Llorar. Jugar. Trabajar. Mejorar. Aprender. Experimentar. Madurar. Observar. Reflexionar. ¿Para qué iba la Naturaleza a crear otra especie de vida en la muerte en la que unos espíritus llevaran todo el mismo día la misma ropa? ¿O iríamos todos desnudos en el Cielo? ¿Quizás con unas nubes entre las piernas?

Mi bisabuelo falleció en una batalla con 25 años. Mi abuelo con 87. ¿En el Cielo mi bisabuelo tendría un aspecto más joven que mi abuelo? Eso por no preguntarnos qué comeríamos en el Cielo, porque llegaríamos a la extraña interrogación de para qué íbamos a tener que comer estando muertos, pero a la vez vivos… No, el Universo no funciona así, estimado amig@. Funciona de otra forma que siquiera puedes llegar a sospechar. Posiblemente porque jamás hayas alzado tu cabeza hacia las estrellas y jamás te hayas preocupado por saber qué puede haber más allá de los confines de tu planeta.

Dios eres tú, yo, tus amigos. Dios son todas las especies en todas su diversidades. Dios es un volcán cuando estalla. Unas gotas de lluvia. Un río descendiendo por una ladera. La cima de una montaña. El fuego abrasando un bosque. Pero Dios no es algo exclusivo de la Tierra, sino que va mucho más allá. Es un concepto universal. Como la Física, o la Química. Llega a todos lados y no hay un solo rincón que no lo contenga. Dios es el Universo y el Universo es un sistema. Un sistema inconsciente -no tiene conciencia, por eso Dios no es un ente personal-, pero inteligente. Un sistema que nace y muere consecutivamente en un gigantesco caleidoscopio de infinitas posibilidades. Allí dónde el infinito se confunde con la eternidad.

Eso, y sólo eso, es Dios. Porque Dios existe, pero no en la forma que tú crees.

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.

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