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El doble rasero del indulto jurídico

Este caso ha salido hoy en la portada de El Mundo. Es uno de esos casos en los que aparecen todo tipo de argumentaciones, juristas, leguleyos, entendidos, “a mí me suena que”, “la vecina me dijo que”, e incluso el jurista de “reconocida competencia”, para quien generalmente todo acaba siendo “lo que diga la Ley” (que digo yo qué sucedería si la Ley estuviera redactada de tal forma que las violadas entraran en prisión y el violador se quedara en la calle o como sucede en algún que otro país, dónde la Ley dice que una mujer violada debe ser condenada a 200 latigazos y 6 meses de cárcel. Imagino que en esos países también habrá gilipollas de reconocida competencia que digan que mientras la Ley diga que eso es justo, así deberá ser. Pero no, no nos podemos basar únicamente en el “lo que diga la Ley”, porque ya sabemos, o deberíamos saber, que la Ley está hecha, a menudo, por poco más que gilipollas (sí, aunque usted no lo crea los Reyes Magos también son los padres).

Veamos un poco más el caso de María José Gimeno:

Supuesto de hecho que se enjuicia: Año 2006. Fiestas locales de Castellón. Parece ser que hubo una riña. Según relata ella misma para el diario: “Yo vi la pelea y un amigo mío y yo nos pusimos a separar a la gente”, lo cual obviamente no tenemos por qué creer, ya que nosotros no estábamos allí para comprobarlo y somos mayorcitos como para entender que cualquiera puede mentir con tal de quitarse responsabilidades de encima. Pero resulta que al parecer, y según cuenta el diario: “Los implicados en el suceso declararon en el juicio que ella no tenía nada que ver con el robo“. A eso habría que añadirle que: el propietario del teléfono móvil no reclama nada y le quita importancia al hecho después de ocho años.

Según lo que debería ser una lógica jurídica mayormente basada en la objetividad que en el típico “porque lo dice la Ley” de los papagayos de “reconocida competencia”, esos dos datos tienen una importancia fundamental. Ya no porque sean los mismos implicados quienes eximieran de participación a María José, sino porque el mismo propietario le resta importancia al asunto, lo cual significa que incluso desde su propia percepción de persona perjudicada, el supuesto concreto no fue tan gravoso (a no ser, claro, que este señor estuviera siendo coaccionado de alguna forma por María José). Y ojo, subrayo lo de “supuesto concreto” porque aquí la caterva de entendidos parece entender que todos los casos son iguales y que todos deben ser condenados con las mismas penas.

Sigamos:

No, yo no he caído en la tentación manipuladora del titular, no se preocupen (que es lo que parece preocuparle a los entendidos). Soy perfectamente consciente de que el titular es eso: un titular y poco más que tiene como única intención ser leído. He leído -cosa que probablemente no habrá hecho la mayoría- que también fue condenada por lesiones, no solo por el tema del móvil. Ahora bien, no tenemos el parte médico, que en estos casos es fundamental para establecer la gravedad del asunto. Porque, por si usted no lo sabía, aunque algunos juristas parezcan no entenderlo, la gravedad del asunto se establece, o debería establecerse, mediante la acción (no es lo mismo darle una torta con la mano abierta a alguien que romperle un vaso en la cara) y el resultado (no es lo mismo darle una torta a alguien y que se le ponga rojo un moflete, que darle una torta y dejarle sordo).

En el caso de María José, no sabemos cómo fueron esas lesiones ni qué resultado causaron, lo que sí debió haber, para haber sido válidamente condenada, es animus laedendi, que significa voluntad de dañar. La Ley dice, sin tener lo que se dice ni puta idea, que por el resultado de unos puntos la pena podrá estar comprendida entre 6 meses y ¡3 años! -esto sin usar arma u objeto peligroso, pues entonces estará comprendida entre 2 y 5 años (Art.147 CP) -lo cual ya es más comprensible- . Y digo sin tener ni puta idea porque de seguir a pies puntillas su primera acepción -el que a alguien le tengan que poner uno o dos puntos por un puñetazo o codazo en una pelea-, las cárceles españolas deberían estar llenas -cuando el aplicador así lo entendiera- y quizás, paradójicamente, muchas de esos posibles futuros reos serían aquellos que son los primeros en pedir penas desproporcionadas. Entonces, ¿qué es lo que queremos hacer del Código Penal? ¿Algo justo y proporcional o meramente un tebeo que dé miedo? Porque claro, entonces nos podríamos encontrar con la terrible situación de que alguien por un puñetazo dado en una bronca, sin más gravedad que la del momento caliente de una trifulca y un par de puntos en una ceja, acabara en la cárcel tres años -con todo lo que ello conlleva-, mientras que quienes engañan y estafan a otros con un menoscabo para toda su vida acaben siendo condenados a penas risibles, cuando no indultados.

En fin, sería clave aquí ver ese parte de lesiones para valorar la sentencia de este caso, ya que es lo realmente grave del supuesto de hecho de este caso concreto.

Vamos con el asunto del teléfono:

El actual Código español dice en su artículo 237:  El culpable de robo con violencia o intimidación en las personas será castigado con la pena de prisión de dos a cinco años, sin perjuicio de la que pudiera corresponder a los actos de violencia física que realizase.

La gran perla del Código Penal; ese artículo con el que determinados personajes se llenan la boca creyendo que automáticamente pasan así a formar parte de una especie de bando de “los buenos”, de los que  aseguran que nunca van a robar y otras gilipolleces del estilo, cuando luego ya hemos comprobado que la realidad dice que son lo más ladrones, pero usando medios más elegantes que la “violencia o intimidación”, porque ellos son más listos. Como es más que evidente, todos queremos tener cierta protección jurídica ante posibles casos injustos que atenten contra nuestra propiedad privada. Pero eso no debe consistir en pensar que cualquier supuesto de hecho contra la misma se deba resolver con una pena de cárcel. La cárcel sólo debe estar destinada para los casos más graves (entre otras cosas porque no hay cárceles ni medios infinitos), aquellos que muestren una clara, notable e inequívoca indiferencia por la vida ajena o por su patrimonio de forma tal que el resultado suponga un menoscabo absoluto y extenso en el tiempo.

Que alguien empuje a una dependienta de una panadería para llevarse una barra de pan, no significa que debemos pensar que esa persona deba ir directamente a la cárcel, lo que debemos pensar es qué estamos haciendo como sociedad para que haya gente que tenga que hacer algo semejante (imagino que aquí los gilipollas dirán que esa persona es vaga y no quiere trabajar, pero la verdad es que me importa poco lo que puedan pensar estos gilipollas, más allá de la capacidad que tienen de desvirtuar las realidades). Lo que debemos pensar es dónde está el dinero con el que podríamos haber asistido socialmente o educado a alguien que no tiene vínculos familiares, ayudas psicológicas o cualquier otra causa que pueda suponer un desorden en su personalidad o comportamiento. El gilipollas puede pensar que algunos le queremos regalar parte de sus impuestos a otro por la cara, pero no, no es eso. Es simplemente que piensa como un gilipollas. Lo que toda la vida ha significado el no leer lo suficiente.

Ya, para acabar, decirle que todo lo que he escrito anteriormente no tiene ningún fundamento jurídico más allá de lo didáctico, porque lo realmente importante en este caso, pero de lo que nadie hablará, es cómo pueda ser posible sentenciar a una persona 8 años después de haber cometido un delito de esas características. La acusada, independientemente de lo que ocurriera, se vio involucrada en unos hechos que sucedieron cuando tenía 19 años. A día de hoy, no sabemos cuál era su contexto personal, ni familiar en esa época. No sabemos si normalmente salía con predisposición de armar bulla o si su personalidad se debía a juntarse con malas compañías. No sabemos si quizás únicamente se limitaba a representar un papel para sentirse socialmente admitida o si es “genéticamente predispuesta al mal”. Sabemos que tal vez aprovechó un tumulto para llevarse un teléfono y que quizás hubieron empujones por delante. Pero también sabemos que 8 años después tiene una hija de 5, una mediana estructura familiar y la persona de 27 años a la que hoy la “Justicia” le pide ajustar cuentas no tiene nada, o probablemente muy poco que ver con aquella de 19 (de hecho no tiene más antecedentes desde esa época). El Tiempo es un dios absoluto. Es el único que lo cambia todo. Incluso a las personas. Aunque los desgraciados mentales solo vean un mismo cuerpo, es probable que la María José de 19 y la de 27 ya no tengan nada que ver, o más bien poco.

Ojo, no nos equivoquemos: si el caso hubiera sido de gravedad tal que hubiera significado el menoscabo absoluto para alguien, incluso pasados los años, la Justicia sí estaría totalmente legitimada a pedir cuentas, pues la temporalidad del daño se hubiera visto extendida y con ello la legitimidad de la víctima, pero como no es el caso, es obvio que la legitimidad hace tiempo que se quedó por el camino y ahora la Justicia pasará de ser justa a ser una mera imbécil en manos de poco más que gilipollas que piden algo que ni siquiera le importa a quien en su momento fue la víctima.

Otro día hablaremos de por qué sí conceden indultos por estafar millones, prevaricaciones de todo tipo, muertes de personas, falsedades y estafa, y no por un móvil en una pelea entre jóvenes durante una fiesta local (el Consejo de Ministros se lo ha denegado a María José).

Como siempre, a los inexpertos en Derecho nos quedará la frase de aquel sabio que decía:

“Si vas a robar, roba millones, que la pena será inversamente proporcional a lo que robes“.

Ténganlo en cuenta, porque es lo que enseña la Justicia hespañola. Directa o indirectamente.

 

 

P.D.: imaginen ustedes la secuencia:

Presa 1: -¿Y tú por qué estás aquí? Yo por ser cómplice de un atraco a un banco.

Presa 2: -Yo por degollar a mi exmarido.

Presa 3: Yo por robar a alguien a quien le puse una jeringuilla en el cuello.

Presa Maria José: -Yo… por llevarme un móvil en una pelea de unas fiesta locales…. hace 8 años.

Ni los hermanos Marx, oiga. Ni los hermanos Marx.

 

 

 

 

 
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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.
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