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Hermann Tertsch y su predicción de asesinatos si Podemos llega al poder

Hermann Tertsch sufre el típico síndrome  de una parte de la derecha: ese que consiste en creer que por ponerse un traje más o menos ajustado con la raya bien planchada, colocarse un reloj de marca conocida y repeinarse hasta donde la gomina permita genera la misma validez que años de reflexión y dedicación al pensamiento. Es como si el bueno de Hermann creyera firmemente que vistiendo a una mona peluda con algo de seda ésta acabaría convirtiéndose -imagino que por gracia de un milagro- en una  carismática princesa. Supongo que cuando alguien ha vivido toda su vida bajo los efectos de un cuento debe tender a pensar como en los cuentos. Pero no, la realidad de las cosas funciona de forma distinta.

Observen cómo el bueno de Hermann vomita su apestosa cantinela mientras el presentador le mira tan asombrado que ni siquiera se atreve a pestañear.  Nada, ni la menor mueca. Tan sólo una tos previa en plan: “Hermann, no te embales”. Pero el bueno de Hermann ya ha cogido carrerilla y no puede parar. Y claro, la imbecilidad es tan sonora que incluso el presentador parece  de cartón piedra. Imagino que es por estar bajo los efectos del pasmo, cosa que suele darse cuando alguien escucha una imbecilidad tan abrumadora como la que esta caricatura de payaso llamado Hermann Tertsch escupe sin por supuesto movérsele un solo pelo de su apelmazado cabello.

Alguien podría pensar que es casualidad, divertimento o capricho que un arlequín como éste se ponga un turbante y haga predicciones sobre qué harán otros como hace el futurólogo, el tarostista o el chamán. Pero no, este tipo es así, que es lo que da pena de todo el asunto. Su convencimiento es sincero porque él no piensa en otra opción. Porque este tipo de personas no piensan, sencillamente se limitan a creer. A creer cualquier cosa que les genere un beneficio, claro. Porque al pequeño Hermann le contaron un cuento en el que él era uno de los buenos, cuando es sólo un pobre ignorante incapaz de pensar por sí mismo y al que le ha entrado miedo de verse fuera de un futuro cotarro.

Porque sólo a un personaje de película de Berlanga se le ocurre ir por ahí avisando de las matanzas que harían otros de llegar al poder cuando su propio padre fue acusado de traición por la Alemania Nazi y posiblemente ejecutado de no haber salido corriendo de aquel imperio de locos. Porque sólo un ladrón piensa que el resto son de su condición. Porque me quedo sin palabras ante este tipo de esperpentos que deberían ser tratados por psicólogos y psiquiatras más que otra cosa. He aquí el retrato de la España paleta, ignorante, carcamal y a la vez miedosa que, como Richard Dawkins diría, son los síntomas de los últimos coletazos del virus de los memos. Esperemos que duren poco…

Y no, pequeño Hermann, no me refiero a tener que acabar contigo.

 

 

 

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.
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