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La educación de los imbéciles

Aun durando poco más de un minuto, el siguiente vídeo siempre fue para mí de alto interés sociológico. Les pongo en antecedentes: el tipo de porte elegante, y por supuesto bien peinado y afeitado, es Rafael Blasco, ex Consejero de las Cortes Valencianas por parte del PP (lo que pocos saben es que años antes militó en el PSOE y ya tuvo problemas legales). No sabemos en base a qué este señor fue Consejero de seis consejerías más allá de haber militado en ese partido y haber pagado sus cuotas, pero he ahí que ha estado en política alrededor de 30 años (ya era diputado en 1983) haciendo y deshaciendo distintas instituciones en esa comunidad autónoma (vamos, lo que en España es colocar, recolocar y descolocar personal).

Digo que este vídeo, poco conocido, siempre ha sido para mí de interés sociológico porque en él puede apreciarse algo que, aunque parezca de ligera trascendencia, a la hora de explicar determinadas cuestiones, la tiene y además de peso.

Resulta que el elegante Blasco había salido del Juzgado por haber sido imputado en el llamado Caso Cooperación, que para resumir trataba de unos delincuentes que, en vez de destinar el dinero a una ONG -que era para lo que se había presupuestado-, prefirieron destinarlo a comprar inmuebles -para ellos, claro-. Sí, sí, lo que leen: dedicaron ese dinero público a comprar pisos como si de una inversión privada se tratara. Vamos, lo que toda la vida ha sido robar pero sin tener que sacar una pistola.

Volviendo al vídeo, la prensa esperaba a la salida. Hasta aquí nada llamativo. Lo curioso del vídeo es que repentinamente aparece un señor que comienza a increpar a Blasco llamándole claramente “lladre” (ladrón) en varias ocasiones, a lo que el ex Consejero, tras unas sonrisas de esas de presentador de televisión, responde ante los micros apuntando: “Fíjate qué educación, ¿eh? Qué educación”. Tras ese intento de quedar bien ante la opinión pública, Blasco da media vuelta y pone pies en polvorosa de forma que, y esto es lo curioso, incluso nos sugiere cierta pena –aun sabiendo, a día de hoy, que es un delincuente porque ha sido condenado como tal a 6 años de prisión y actualmente está encarcelado-.

Llevado al conocimiento, a mí este vídeo siempre me pareció un claro ejemplo de la hipocresía con la que determinados imbéciles zanjan determinados debates. Al parecer, cuando uno pone un calificativo malsonante a un tercero –en base a elementos absolutamente descriptivos y realistas, es decir, no gratuitamente-, lo importante es eso y no el trasfondo de la cuestión. Da igual que ese tercero sea un delincuente, un ladrón o simplemente un imbécil. Lo importante en España es la educación o el calificativo que tú le pongas al personaje. Si en un debate sobre cualquier ámbito a un imbécil le llamas como lo que es, un simple imbécil, porque estás observando que sus conclusiones están tejidas desde una reflexión viciada y que sus conclusiones no tienen el mínimo rigor científico, lo importante es que tú eres un maleducado y no que el tercero sea un imbécil. Da igual que desenrolles un manto de datos –o información contrastada- ante el imbécil para que éste pueda ver el camino; si se te ocurre decir que es un simple imbécil -o un ladrón en el caso del ex Consejero-, el debate pasará automáticamente a tener que ver con el grado de tu educación.  Que sea un ladrón o un imbécil ya no es importante en cuanto tú le pones el adjetivo intentando describir un concepto; a partir de ese momento el personaje, ladrón o imbécil, pasará a centrar el debate en la “educación”.

Este tema puede parecer ridículo, pero tiene mucha más importancia de la que puede parecer. Llevo muchos años –pero muchos, vaya- viendo, y leyendo, a todo tipo de personajes, como pueda ser el caso de Blasco, escudarse en la educación de terceros cuando alguien “osa” traspasar la línea consuetudinaria de eso que algunos llaman corrección política. Sucede tanto en el mundo físico como en el virtual. La cantidad de imbecilidades que hay que leer superan ya con creces lo sostenible y lo soportable y este que escribe no está dispuesto a endulzarlas.

Entiendo perfectamente que habrá quien esté leyendo esto ahora mismo y esté pensando que este que escribe es un prepotente, un ególatra o similares, pero sinceramente esa parte me importa ya bien poco. Lo que realmente me preocupa es que mediante esa falacia de la educación, el imbécil, el ladrón, intente modificar la opinión pública dándoselas de algo que no es. Ahí radica la verdadera trascendencia del asunto. Cuando vemos cómo Rafael Blasco se acerca a los micros para hacer referencia a la educación de ese tercero que le está increpando, lo hace con la única intención de intentar convencer a la opinión pública de que lo importante es eso (que alguien te llame ladrón) y no lo que haya hecho él. Porque como político que ha estado más de 30 años en diferentes cargos sabe muy bien cómo modificar los juicios de aquellos que no se dedican científicamente a la Justicia.

Entender algo así como que alguien no pudiera llamar ladrón a un tipo que se ha demostrado que lo es, sería una sobreprotección jurídica muy poco interesante para el interés general. Sí se podría entender antes de la condena efectiva, porque realmente hay que proteger la presunción de inocencia, pero jamás debería serlo una vez se demostraran los hechos y/o se confirmaran los datos, porque es totalmente legítimo -y por supuesto lícito- llamar ladrón, o imbécil, a alguien que lo es.

El vídeo en cuestión da vergüenza ajena porque sabes que un ladrón está intentando llevar el debate hacia algo que no tiene nada que ver con la esencia del hecho. Es decir, que un ladrón llame “maleducado” a otro es surrealista ya de por sí y sólo se entiende desde esa hipocresía enfermiza de algunos con la que alimentan todo tipo de sesgos de confirmación.

España debe empezar a llamar al pan, pan, y al vino, vino, si quiere realmente avanzar. El problema, imagino, es que el imbécil piense que este texto no va con él, sino conmigo. Solucionar eso ya es mucho más complejo. A mí ya me importa bastante poco lo que sea solucionar nada en España. Tan sólo dejo escrito lo que pienso. Juzguen ustedes si este que escribe es o no un imbécil. Pero usen datos y no intuiciones. Su país, su sociedad, se lo agradecerá.

 

 

Aprovecho para decir que esta entrada ha sido motivada en base a las imbecilidades leídas en diferentes blogs jurídicos, económicos, científicos y tecnológicos españoles que dan, sinceramente lo dejo aquí escrito, vergüenza ajena (comentaristas la gran mayoría de las veces). El criterio de la Internet hispana es más lamentable cada día que pasa. Me imagino que en base a su capacidad de razonamiento y reflexión a la hora de tejer determinados juicios, que es algo que debería enseñarse en las escuelas por delante de cosas que después no servirán para nada.

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.

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