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La tienda de mi padre (respuesta a Arturo Pérez-Reverte) @perezreverte

Mi padre regenta un pequeño comercio tradicional en el centro antiguo de Madrid. Un barrio viejo, castizo, donde los alquileres comerciales, como en casi toda España, no han bajado hasta el punto que deberían a pesar de la ya consabida crisis. Los expertos repiten como loros que si oferta y demanda, pero el caso es que el arrendador le dice a mi padre que a él le fríen a impuestos cada vez más. Yo, que tengo 24 años y todavía no tengo muy claro de qué va la Economía realmente, tampoco entiendo por qué España es el país de toda Europa que más paga por la energía. Por otro lado, los expertos dicen que hay que usar más los medios tecnológicos, pero claro, ellos sólo hablan y hablan (algunos incluso cobran). Si pusieran en práctica todas sus teorías, tal vez se encontrarían con que España es el país con el acceso a Internet más caro de Europa, aunque eso a mi padre tampoco le importa mucho, pues no es precisamente en lo que destaca; suficiente tiene el hombre con intentar cuadrar los números. Lo extraño es que recuerdo que allá por 2009 los expertos ya advertían que España debía intentar que Internet fuera más barato. Tampoco ayuda mucho que España tenga las tarifas móviles un 60% más caras que el resto de Europa y que incluso la Comisión Europea haya tenido que echar un pulso a la CMT.

A veces, cuando voy a sustituir a mi padre, le hablo de  todo esto a un amigo que se acerca por la tienda y le explico que durante todo un día solo entran 3 clientes, cuando antes lo hacían 30. Y que además de esos 3 sólo uno acaba llevándose algo. “Estamos todos bien jodidos -me responde-, pero no te quejes tanto que tú al menos tienes trabajo”. Yo le reto a que si tan bien le parece nuestra situación monte una tienda y le dé trabajo a su familia. Pero entonces parece darse cuenta de que en España siempre ha sido una odisea montar una empresa, y el silencio es el único visitante que deambula por la tienda mientras miramos el ir y venir del gentío sobre la acera.

Entonces, quizás en un arrebato de nostalgia, mi amigo me cuenta sobre cómo le va la vida a otro de nosotros, que decidió probar suerte en otro país al ver que el suyo no era capaz de generar empleo. “Llevo dos años buscando empleo y además creen que soy un vago. Menudos gilipollas“, solía quejarse antes de hacer finalmente las maletas. Según me cuenta, nuestro amigo patea todos los días las calles de un país extranjero echando curriculums en cada local que ve, aunque ahora se arrepiente de haber dejado el banco en el que trabajaba, pues con suerte -aunque obviamente en estos casos la suerte ni siquiera participe- hubiera acabado siendo uno de esos tantos directivos que aun existiendo la crisis siguen ganando cada vez más. Solo nos queda el consuelo de que eso no es algo que únicamente suceda en España. “La banca siempre gana”, me asegura mi amigo con su mirada clavada en mis ojos, como insinuando que eso a lo que algunos llaman Economía estuviera manipulada.

Yo no creo que eso pueda ser cierto, pues mi amigo siempre ha sido muy de creer en conspiranoias. Pienso que no puede ser verdad, porque no creo que los que mandan estén metidos en esos líos, ya que sería como pensar que los que gobiernan son una mafia. Y la Economía no es eso; la Economía es libertad de hacer, pero no de hacer trampas. Al menos no creo que fuera esa la mano invisible a la que se refería Adam Smith… No sé bien por qué, pero sigo pensando que los que mandan son grandes cerebros que saben lo que hacen.

En fin, algunos amigos de mi padre creen que yo no vengo a ayudarle con la tienda. Y es curioso, porque no estoy tan tonto como para entender que abrir todos los días es nuestra única salvación. Pero también sucede otra cosa curiosa: y es que, aunque en la mente cuentista y peliculera de algunos todas las historias tengan final feliz, lo único que doy por seguro es que mis estudios en Administración de Empresas me hacen entender que es imposible que si los gastos son cada vez más altos, los precios cada vez más bajos -para poder amoldarnos a la sangría del desempleo en España y su incapacidad para generar empleo a costa del aumento pornográfico y probablemente ilícitos de los beneficios de algunos-, y la competencia peor regulada, habrá un momento en el que la palabra rentabilidad no existirá y mi padre tendrá que cerrar, por mucho que yo vaya a la tienda a mirar como pasa la gente.

Aun todo, yo seguiré viniendo a trabajar los días que haga falta. Con suerte, quizás incluso algún día recibo la visita de Arturo Pérez-Reverte, que es amigo de mi padre y debe de ser una de las pocas personas que aún tienen cierto criterio. Al menos como para saber atribuir la responsabilidad a los verdaderos culpables de que en la tienda de mi padre nadie compre nada, sin insinuar que los jóvenes de 24 años tengamos algo que ver, más allá de nuestras reales posibilidades.

Voy a leerme su último artículo, que por lo menos no creo que él nos tome por gilipollas.

 

Extra bonus: Artículo de El País del día 13 de Mayo. “Vender más horas no es vender más” (o dicho rápidamente: el problema económico no parte de que los comerciantes abran o cierren más o menos tiempo, sino que tiene mucho más que ver con la caterva de gilipollas que hay en cargos de muy largo nombre y que son los que no saben legislar fiscalidades adecuadas, sanciones penales no rentables en caso de delitos económicos graves y demás, lo cual genera un desequilibrio macroeconómico en el cual cada vez el dinero fluye menos y además tiende a desaparecer de circulación).

 

 
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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.
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