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Los hipócritas lemmings suicidas de Internet (I): cuestiones previas

*En esta serie de entradas titulada Los hipócritas lemmings suicidas de Internet voy a intentar explicar por qué Internet se ha ido convirtiendo en un gigantesco campo abonado de hipócritas, cínicos y toda clase de palabreros cuyo criterio es básicamente el de: “si esto me interesa, debe ser así” y demás argumentaciones pueriles y demagogas.  Soy consciente del escozor que puede producir en algunos lo que voy a ir escribiendo acerca de todo lo que mueve Internet  y la urticaria que puede producir el ir desmenuzando los repetitivos argumentos sinsentido que muchos aducen en un intento de justificar hechos que no tienen excusa alguna. También soy consciente de que no será la entrada más compartida de la historia, pero lo que no va a faltar son dosis de verdades. Que a alguien le interese más vivir en una burbuja que saber cómo funciona la realidad ya no está dentro de mi mano. Sin más, vayamos al grano:

 

Dentro de toda esa gran amalgama de mitos y leyendas que tanto gustan a aquellos a los que la diferencia entre la realidad y lo ficticio les importa menos que nada, destaca uno sobre los lemmings (lemmini) por el cual estos simpáticos animalitos un buen día acaban suicidándose en masa arrojándose al mar desde algún precipicio guiados por aquel primero al que le aparecieron los impulsos suicidas. Sin embargo, cuando uno se pone a investigar resulta que la realidad -la que es y no la que creemos que es o nos gustaría que fuera- es otra bien distinta: el código genético y la superpoblación de estos pequeños roedores generan impulsos migratorios aleatorios. Durante el transcurso de estas migraciones nuestros pequeños amigos encuentran a su paso todo tipo de elementos naturales que deben atravesar y es entonces cuando muchos mueren por elementos circunstanciales que poco tienen que ver con sus ganas de suicidarse, de la misma forma que, por ejemplo, muchos ñus acaban bajo las fauces de leones y otros depredadores en sus grandes migraciones.

 

No es que los lemmings y los ñus sean animales tendentes al suicidio como dice la leyenda, sino que un elevado porcentaje perecen en ese largo viaje que es la migración (probabilidad le llaman los matemáticos). Si tenemos en cuenta que los lemmings son seres acuáticos, que algunos no se lo piensan dos veces a la hora de cruzar ríos en su impulso migratorio y además le añadimos que quizás no escojan los márgenes más estrechos de las orillas que han de cruzar, tendremos como resultado un importante número de lemmings ahogados y una falaz conclusión de animal suicida muy distante de la realidad, sobre todo cuando se comprueba que muchas colonias ni siquiera migran y otras lo hacen con éxito sin haberse tirado por un barranco ansiando la muerte. ¿Cómo es posible, pues, que haya tanta diferencia entre lo que sucede realmente y lo que cree una masa importante de personas?

El imaginario colectivo y su increíble capacidad de sugestión

Los psicólogos -esa profesión subestimada por juristas y economistas de todo pelaje, sobre todo en determinados países como España- conocen de sobra el poder sugestivo del imaginario colectivo, de cómo una gran masa de personas puede acabar afirmando una conclusión errónea, una deducción falsa o simplemente un embuste que alguien dio por válido. Y es que cualquier cosa irreal puede convertirse mágicamente en real cuando uno cree que la realidad se basa en el número de otros creyendo lo mismo. Ya saben, aquello de: “tanta gente no puede estar equivocada”.  La sugestión colectiva no es algo nuevo, lleva con la especie humana desde que esta pudo comunicarse. Como bien explicaron Freud y Lebon en sus tratados sobre psicología de las masas, el mecanismo y los sujetos de este tipo de psicología tiene elementos comunes en todas sus apariciones: una fuente de pocas personas dice lo que otros quieren escuchar y una gran masa de zombies acríticos (probalemente también interesados) cree ciegamente lo que aquellos dicen sin importar que sea o no real (porque precisamente es lo que quieren escuchar). A lo largo de la historia hay muchos ejemplos de sugestión colectiva que no llevaron a buenos finales, sobre todo referidas a temas políticos e ideológicos.

 

Lemmings de Internet

 

Podríamos decir que la sugestión colectiva se produce cuando la percepción sobre la realidad cambia de tal forma que todos los individuos de un grupo pierden su criterio individual para pasar a creer aquello que cree el resto, independientemente de si la realidad de las cosas es una u otra. Se trata de una especie de cesión de la percepción individual por la que el sujeto de un grupo cede inconscientemente su capacidad personal al grupo debido a una sugestión fáctica o ideológica que le induce a creer que cuanto mayor sea el número de personas que siguen esa corriente, más probabilidades hay de que sea cierta.

En un ejemplo reciente lo apreciaremos mejor: partido del Mundial Femenino de Baloncesto Sub17 de 2014. Se produce una falta a favor de las mexicanas y una de ellas procede a los tiros libres. Las mexicanas defienden en el lado derecho y atacan sobre el aro izquierdo. En el segundo tiro libre, la jugadora mexicana yerra y el rebote lo recoge una jugadora eslovaca -de azul- la cual pasa el balón a otra que por algún motivo va hacia su propia canasta -la izquierda- y encesta (quizás acababa de salir al campo de juego y estaba desorientada). Lo curioso viene después: una de las jugadoras mexicanas coge el balón y saca desde el lado izquierdo (cuando debería haber sacado una jugadora eslovaca al haberse automarcado un tanto). El error de esta jugadora ante las reglas propicia que el resto de los dos equipos se sugestione de tal forma que sigan jugando en campos contrarios y que pasen repentinamente a atacar donde defendían, y al revés. Veamos la secuencia:

 

 

¿De dónde puede proceder la leyenda del suicidio de los lemmings?

En 1956, la factoría Disney produjo un documental titulado Wild Wilderness en el que en una de las escenas varios lemmings caminaban hacia un precipicio a través del cual acababan cayendo al Ártico y muriendo en sus aguas. Sin embargo, parece ser que las imágenes no eran del todo reales -o naturales-, sino que a alguien se le ocurrió la chapucera idea de comprar unos cuantos lemmings y colocarlos sobre una superficie artificialmente cubierta de nieve e incluso a inducir a los animales a precipitarse por el barranco. Este documental fue galardonado con un Oscar por parte de la Academia de Hollywood y es muy posible que fuera visto por una cantidad importante de personas que, muy probablemente, absorbieron inconscientemente la idea de que los lemmings eran unos animales tendentes al suicidio colectivo.

Por si fuera poco, en 1985, una empresa llamada Apple lanzó el siguiente anuncio en mitad de la final de la Superbowl estadounidense, uno de los eventos con mayor audiencia de la televisión norteamericana, seguido por millones de personas. ¿Cómo se titulaba aquel anuncio? Lemmings.

 

 

Por si los Oscars o la Superbowl fueron poca fuente para incrustar en el imaginario colectivo que los lemmings son animales sometidos a sus propios instintos suicidas, en 1991 apareció un popular juego titulado Lemmings en el que los jugadores tenían que evitar el mayor número posible de suicidios de estos simpáticos animalitos. Cuantos menos suicidas, más puntos.

Sea como fuere, parece claro que el alcance potencial de estos eventos alimentaron la falacia del suicidio de los lemmings en base a dos mantras que a su vez funcionan en Internet como un virus pasa de un cuerpo a otro. A saber:

1) Tantas personas no pueden estar creyendo algo falso.

2) Si aparece en los grandes medios es porque es real.

Próxima entrada: Los hipócritas lemmings suicidas de Internet (II):  Internet y sus nuevos modelos de negocio.

 

 

 

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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.
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