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Más sabe el diablo por viejo, que por diablo. Extracto de Plancton. Capítulo XII.

―Cuando escapé de mi laboratorio clandestino ―comenzó a rela­tar el doctor― me encontré en el camino con los restos de un gran ba­tallón de undóricos plateados. Provenían de una zona de Undoria en la que predominaba ese color. En aquella época, los problemas raciales hab­ían desaparecido prácticamente, aunque seguían dándose en zonas o países con sistemas educativos insuficientes, como por ejemplo en un continente llamado Kalyma. Pero estos que yo encontré eran undóricos de este continente, Áambar, en el cual sociedades como las de Refer o Toredo eran ejemplos de vanguardia en todo tipo de aspectos. Nunca pensé que pudiera darse algún tipo de problema por el hecho de que la mayoría de ellos fueran de un color concreto.

         ―¿Qué sucedió exactamente? ―dije ansiando saber el por qué To­redo seguía siendo un ejemplo de sociedad democrática mientras la de Refer era manejada por un déspota.

         ―Durante el último ataque del ejército de Neorex intentamos resis­tir, pero fue en vano. Tuvimos muchas bajas y no nos quedó otra opción que la retirada ―el anciano cerró sus ojos mientras Greyso y yo seguíamos escuchándole atentamente―. Hubo una desbandada general. Los batallones se dispersaron y cada uno escogió su camino. Sabíamos que aquella era la última opción y la acabábamos de perder. Solo quedaba correr e intentar sobrevivir…

         ―Yo tenía diez años ―relató Greyso―, pero recuerdo perfecta­mente el día que nos recogieron para bajar a las galerías. Paso todo tan rápido que bajé en pijama… A muy pocos les dio tiempo a coger algo más que lo que llevaban puesto…

         ―Así fue… ―el doctor asintió con su mirada puesta más allá del final de la sala. Luego la llevó hasta Greyso―. ¿Conseguisteis haceros con algún tipo de libro en Toredo?

         ―Sí, algunos de los que habían sido maestros bajaron algunos ces­tos llenos de libros antiguos, de los que se fabricaban en papel. Curiosa­mente fueron los únicos que nos sirvieron, ya que los electrónicos desapare­cieron con el tiempo, cuandola electricidad y las baterías fueron agotándose. Proba­mos a generar energía independiente mediante el agua de la corriente del manantial, pero no teníamos los materiales necesarios. ¡Nunca teníamos los materiales necesarios! ―acabó por exclamar Greyso con su peculiar tono desenfadado

         ―Pues ahora imaginad lo que pudo pasar en un lugar en el que na­die pudo bajar ni siquiera un libro… ―mencionó el doctor Raiser con gesto preocupado.

         ―Que el traspaso de conocimiento se fue manipulando, ¿acierto? ―pregunté teorizando acerca de lo que podría haber sucedido en Refer.

         ―¡Premio para el caballero! ―el anciano miró hacia los lados hasta que localizó a los guardias―. Blanker solo ha generado idiotas desde que se autoproclamó rey de Refer. Cuando los más ancianos fueron mu­riendo, y él comenzó a ser uno de los más viejos, aprovechó para hacerse con las riendas de la colonia. Unificó en su persona todos los poderes que antiguamente habíamos dividido para evitar déspotas. Después co­menzó a meterles en la cabeza a los jóvenes la idea de que los plateados habían demostrado ser la raza elegida de Undoria y que los dorados, que hasta entonces habían sido más numerosos, habían quedado reducidos a tener que comprobarlo. Y, claro, al no tener libros que pudieran demos­trar lo contrario, las nuevas generaciones ni siquiera se plantearon que aquello no hubiera sido así. Estaban dispuestos a creer cualquier cosa que ofreciera cierta autoestima. Fue como si toda la Historia de Undoria, de repente, se hubiera olvidado. Todo parecía haber vuelto a empezar. Si hay un virus mucho más peligroso que el Aquavirus, ese es el de la ignoran­cia. Ese es un virus inmortal que puede darse en cualquier época.

         ―¿Nadie se opuso a todo eso? ―pregunté extrañado.

         ¡Claro que sí! Pero Blanker ya había formado una especie de cuerpo de policía gracias al cual se hizo con el dominio absoluto del manan­tial de agua. Si alguien quería  seguir bebiendo, y por tanto vi­viendo, debía estar de su lado. Luego acabó por arrestarnos a quienes nos opusimos. Él mismo nos juzgó y condenó. Y sus guardias ejecutaron la sentencia torturándonos. Algunos de los mayores murieron, otros fueron perdonados para que pudieran volver con sus familias a condición de que no se opusieran y yo… pues sigo aquí desde entonces.

         ―¿Cuánto hace de eso? -indagué con curiosidad.

         ―Alrededor de quince años…

         ―¿No tiene algún familiar?

         ―No, mi mujer y mi hijo fallecieron por el maldito Aquavirus. ¡Cómo es posible que no pensáramos en aquella opción! ―el anciano volvió a apoyar sus temblorosas manos sobre su  frente―. Los androides fueron mucho más listos que nosotros… Perdimos demasiado tiempo decidiendo las cosas…

         ―No se preocupe, hay una pequeña posibilidad de esperanza… ―afirmé intentando tranquilizar al anciano.

         ―¿Esperanza? ¿Cómo vamos a tener esperanza aquí abajo? -respondió él mirándome entre los huecos que formaban sus dedos.

         ―Nosotros vamos a subir a Refer. Necesito encontrar algo allí. Tal vez podamos hacer frente a Neorex…

         ―¿Hacer frente a Neorex…? ―por los ojos que puso, no podía decirse precisamente que el doctor confiara en aquella posibilidad―. ¿Y cómo iba a ser eso posible?

         ―Uniendo a los undóricos ―respondí sin desviar mis ojos de los suyos, pero sin tener realmente claro si aque­llo acabaría por funcionar―. En mi planeta había un dicho que decía: la unión hace la fuerza. Creo que aquí también podría funcionar.
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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.
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