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Un punto azul pálido. Homenaje a Sagan en Plancton.

[…] Una tarde, en la que debíamos tener unos quince o dieciséis años, mi madre me contó que Gas había telefoneado con insistencia preguntando por mí y que estaba preocupada por si le había pasado algo que a ella no le hubiera querido contar. Yo acababa de llegar de jugar un partido de baloncesto con el equipo del instituto en el que nos habían dado una paliza tremenda y estaba realmente cansado, pero mi madre insistió en que llamara a Gas porque parecía exaltado. Recuerdo que dejé caer la bolsa deportiva sobre el suelo para telefonearle y que su madre no tardó en responder. Me saludó amablemente y al momento me pasó con su hijo, quien comenzó a explicarme algo sobre una fotografía que había tomado una sonda espacial llamada Voyager I al dejar el planeta Neptuno justo cuando partía hacia las afueras del Sistema Solar. Y que antes de hacerlo la sonda había dado media vuelta y había fotografiado la Tierra a una distancia de unos 6000 millones de kilómetros. Y que en aquella foto nuestro planeta se veía como un punto azul pálido minúsculo que apenas se diferenciaba del fondo negro. Y que al día siguiente me enseñaría la fotografía en una revista que su primo, o un amigo de su primo, le había mandado desde Florida mediante correo urgente y que ni siquiera la había abierto para así poder verla juntos.

Quiero pensar que fue el cansancio, sumado al hecho de haber perdido aquel partido aquella tarde, lo que me ofuscó de tal forma que acabé gritándole que aquella foto no me importaba lo más mínimo y que ese no era motivo para llamar a casa de mis padres con tanta insistencia. Unos años más tarde, cuando alcancé a concebir los  complejos entresijos de la Psicología, comprendí que Gas, quien además era hijo único, estaba tan entusiasmado con aquella fotografía que no había abierto la revista para compartir ese momento irrepetible conmigo. De alguna forma que yo no entendí en aquel momento, me estaba entregando en un pequeño cofre lleno de sentimientos lo mejor de un ser humano, lo mejor de él mismo. De entre todas las personas, me había elegido para compartir dos momentos únicos en la Historia: el de aquella fotografía de la Tierra vista desde Neptuno y el de nosotros dos descubriéndola. Y yo, que en aquella época era poco más que un imbécil, respondí, como no podía ser de otro modo, como hacen los imbéciles.

Gasán no volvió a dirigirme la palabra. Ni siquiera nos cruzamos mu­cho más porque desde la salida del colegio no habíamos coincidido en las aulas del instituto y después acabó emigrando de la ciudad. Un día, sencillamente, sus padres tuvieron que desplazarse por trabajo y cuando fui a despedirme ya no estaba. En el transcurso del camino de vuelta a casa entendí eso de que uno no valora algo hasta que lo pierde. No sólo lo entendí, también lo sentí. Y entonces también entendí que si uno no siente no hay muchas expectativas para esperar que alguna vez alguien llegue a entender. Nunca más le volví a ver. Al menos no en persona, porque posteriormente sí lo vi  y leí algunos de sus artículos en varias de las revistas científicas a las que Venus estaba suscrita. Algunos años después de todo aquello, un afamado científico escribiría lo siguiente acerca de la imagen que Gasán había querido compar­tir conmigo y que acabó por convertirse en una de las diez fotograf­ías científicas más importantes de la Historia de la Humanidad:

 

[…] “Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, que vivió su vida. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto―importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

 Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.”

 

Seguí mirando aquel pálido punto enrojecido, que una vez había sido la Tierra, mientras mis sentimientos rodaban mejilla abajo recordando parte de mi historia, de la de Gasán y la de otros cercanos a mí; esas historias que van formando la Historia, la grande, la única, la de to­dos. Y fue curioso, porque hasta entonces nunca antes había imaginado que una única lágrima pudiera condensar tal cantidad de recuerdos, tan fuertes y tan frágiles, tan resistentes y quebradizos, de tantas cosas y tan­tas personas, de lo que hice y de lo que no, de lo que quise y de lo que no, de dónde estuve y de dónde no, de lo que dije y de lo que no…

Finalmente, el agotamiento acumulado por todas aquellas experien­cias y reflexiones inesperadas superó mi resistencia y mi cerebro optó por dormirme […].

Plancton. Pag. 33-35

 

 

La antigua fotografía, tomada desde Neptuno en 1990, y que Sagan llamó “un punto azul pálido” era esta:

 

punto azul palido

 

 

La que tomó Cassini el otro día, en julio de 2013, esta:

 

tierra desde saturno

 

De cualquier forma, en las dos se puede comprobar que la relatividad espacial puede convertirnos en cualquier momento en una mísera mota de polvo suspendida en un monitor de ordenador…

 

 

 
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About Kevin Carter

Hasta hace poco periodista en un pequeño diario. Actualmente investigando la historia que puedes leer en PLANCTON. No creo en las ideologías, sólo en los criterios. No tengo amigos porque soy demasiado independiente. Debe ser que en la otra vida fui un gato. Pobre, pero honrado.
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